Andrés Albertsen, pastor de la iglesia dinamarquesa

Nombre completo: Andrés Roberto Albertsen
Edad: 43
Lugar de nacimiento: Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina.
Profesión: Licenciado en Teología y Pastor de la Iglesia Luterana.
Background: Nieto de cuatro abuelos daneses.

Borealidad: Buenas tardes, Andrés. ¿Cómo andás?

Andrés: Muy bien, contento de poder colaborar con esta nueva iniciativa de Huldreslåt.

Borealidad: Para empezar, sabemos que naciste y te criaste en el pueblo de Tres Arroyos y que tus cuatro abuelos eran daneses. ¿Podrías darnos una pequeña reseña sobre tu infancia, tu hogar y tu pueblo natal?

Andrés: Pasé mis primeros años en el campo de mis padres, en un hogar en el que se hablaba danés, y recuerdo que no era mucho el castellano que sabía cuando comencé el primer grado en una escuela en Tres Arroyos. Además, a pesar de que sólo estábamos a 7 kilómetros y medio del pueblo, el camino era de tierra, y por eso es que para evitar ir y volver al pueblo todos los días, mis padres consideraron que era mejor que estuviera en el pueblo de lunes a viernes, y así fue como durante 3 años viví de lunes a viernes en casa de mis abuelos maternos, en la que obviamente también se hablaba danés. Nunca hablé otra cosa que danés con mis abuelos, y mi abuela materna fue quien me enseñó a leer y a escribir en danés. A partir de 4º grado, fui alumno pupilo del Colegio Argentino Danés, dependiente de la Sociedad Protestante del Sud (o sea, la iglesia luterana dano-argentina en Tres Arroyos), que está en el campo, a 40 km de Tres Arroyos, y que en ese tiempo todavía tenía directores venidos de Dinamarca y ofrecía enseñanza diaria del idioma danés.

Borealidad: ¿Podés contarnos un poco acerca de la inmigración y la comunidad danesa en la Argentina?

Andrés: Fueron unos 18.000 los daneses que ingresaron a la Argentina entre 1857 y 1930 y el grueso de los mismos se asentó en una zona relativamente reducida del sur de la provincia de Buenos Aires, en Tandil, Tres Arroyos, Necochea, Coronel Dorrego y en menor medida, Bahía Blanca, y se dedicó a tareas agropecuarias.

Todo comenzó cuando en 1860 Juan Fugl, un danés de la frontera tandilense, después de vivir 14 años en la Argentina, regresó de visita a Dinamarca. Allí, no sólo adquirió las herramientas y los materiales para construir el primer molino harinero que hubo en Tandil, sino que se casó con una sobrina y convenció a una veintena de vecinos y antiguos amigos para que emigrasen a una pampa plena de promesas de tierras fértiles y segura prosperidad. Y a partir de entonces, la información que sobre todo a través de las cartas que estos daneses enviaban a sus familiares y amigos en Dinamarca, fue decisiva para convencer a muchos otros compatriotas para imitarlos.

Desde mediados del siglo XIX también ha habido daneses en la ciudad de Buenos Aires, que siempre han estado viviendo en estrecho contacto con los del sur de la provincia, y durante décadas lo hicieron sobre todo a través de dos periódicos daneses que se publicaban en la capital y se distribuían por todo el país, y a través de una entidad ejemplar como la “Asociación Dinamarquesa de Beneficencia” que entre 1892 y 1960 supo ayudar a los recién llegados, especialmente a los que venían por fuera de las redes familiares o amicales de información, a conseguir trabajo en las explotaciones rurales de los daneses del sur bonaerense.

Hay pequeños grupos de daneses y descendientes de daneses que tienen su propio club en lugares como Bariloche, Río Negro, y Eldorado, Misiones, pero en casi cualquier lugar del país que uno visite se sorprende descubriendo que algún danés se ha destacado por algo, y a mí me pasó por ejemplo en un lugar tan remoto como El Chaltén, en Santa Cruz, donde muchos me hablaron con admiración del pionero danés Andreas Madsen.

Borealidad: Teniendo en cuenta tu historia, es fácil suponer que además de crecer en un típico pueblo del interior de Buenos Aires abrazaste la cultura danesa desde muy chico. ¿Cuándo fue la primera vez que fuiste a Dinamarca? ¿Te sentías como en casa o aún así percibiste alguna distancia del tipo cultural?

Andrés:Fui a Dinamarca por primera vez en 1982, cuando tenía 17 años y acababa de terminar el secundario. A pesar de que no tenía dificultades con el idioma, el choque cultural fue notable. Yo había hecho todo el secundario durante la dictadura y no tenía una posición crítica sobre la situación que se vivía en el país. Había terminado el secundario como abanderado y era para el régimen un jóven modelo, pero en Dinamarca me encontré con que no sabía nada de lo que realmente pasaba en mi país, y cuando estando yo en Dinamarca, se produjo la ocupación de las Malvinas y luego vino la guerra con los ingleses, terminó de ponerse en evidencia para mí que la dictadura era indefendible, y eso fue terrible, porque al mismo tiempo desde la Argentina me pedían que hablara a favor de la posición argentina. Había ido a Dinamarca como estudiante de intercambio del Rotary Club Internacional y concurría a un colegio secundario danés, muy distinto al colegio secundario que conocía de Tres Arrroyos. Estuve en total 9 meses, que fueron duros, pero muy enriquecedores. Otra cosa totalmente distinta fue el año y medio que pasé en Dinamarca a partir de septiembre de 1990, después de que había terminado mi licenciatura en Teología aquí, cuando fui a Dinamarca para preparar y rendir primero en la Facultad de Teología de la Universidad de Aarhus los exámenes necesarios para que me reconocieran mi formación argentina como equivalente a la que se requiere en Dinamarca para ser ordenado como pastor, cursar después lo que se llama el “Seminario Pastoral” y probar finalmente durante un tiempo el ser pastor. Este año y medio fue maravilloso y aquí sí me sentí totalmente en casa. De todas maneras nunca se me ocurrió quedarme en Dinamarca. Había viajado en esa segunda oportunidad de común acuerdo con la Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires, en la que soy pastor, e incluso esta iglesia fue la que pagó mi pasaje, y yo había firmado con ella un acuerdo por el cual me comprometía a volver y ser pastor de la misma por un período de tres años, y ahora ya van más de 15…

Borealidad:
¿Qué es lo que más te gusta de la cultura danesa y de la cultura argentina? ¿Se pueden comparar desde algún punto de vista?

Andrés: De la cultura danesa me gustan la capacidad para dialogar y el reconocimiento como interlocutores de absolutamente todos, no importa que el otro sea un albañil o un académico, y que hace que tampoco el albañil se acobarde porque su interlocutor sea un académico. También me gusta que no actúen con hipocresía, que se pueda confiar en su palabra, que tengan en claro sus derechos pero también sus obligaciones como ciudadanos, y que se sientan protagonistas de la vida de su país y no pongan esa distancia que solemos poner los argentinos, cuando nos referimos a nuestro país como si todas las responsabilidades y las faltas fueran de los otros. De la cultura argentina me gustan la capacidad para no abatatarse ante la adversidad, parar improvisar salidas, para cambiar de planes si un amigo nos reclama, lo que sería más difícil de pedir a los daneses, que son más rígidos una vez que tomaron una decisión. Los argentinos también tienen una enorme capacidad para vivir un día a la vez y para comprometerse con un proyecto solidario dejando a un lado su propio interés. Pero a diferencia de los daneses, me parece que a los argentinos nos gusta aparentar lo que no somos y muchas veces se nos va la boca en promesas que después no podemos cumplir.

Borealidad: Sos pastor luterano en un país predominantemente católico: contanos un poco acerca de tu profesión tan particular.

Andrés: Mi tarea como pastor luterano danés tiene dos aspectos: el específicamente religioso y el de difusor de la cultura danesa, y los dos aspectos están intímamente vinculados, porque la cultura danesa está totalmente impregnada del luteranismo como se desarrolló en Dinamarca. Y hace años que mi actividad no se circunscribe a la comunidad danesa, ya que nos hemos dado cuenta de que no perdemos identidad al abrirnos a los no daneses, sino que sucede lo contrario, abrirnos a los no daneses nos ayuda a conservar nuestra singularidad danesa. No es que seamos celosos de ganar prosélitos, pero nos alegra que más y más personas descubran que “nuestra casa” está abierta para todos y que aquí se anuncia el mensaje de un Dios que nos reconoce capaces de tomar nuestras propias decisiones con responsabilidad y que no escatima ni pone condiciones para hacer llegar su bendición a quienes la necesiten. Por eso es que también un matrimonio de divorciados o una pareja del mismo sexo que se ha unido por civil, pueden ser bendecidos en nuestra iglesia.

Borealidad:
¿Cuál es tu más grande anhelo profesional? ¿Tus planes para el futuro?

Andrés: Mi gran anhelo es poder un día escribir y defender una tesis doctoral sobre un tema que me interesa desde hace años, el de la interacción entre religión y cultura, y más concretamente, la creciente presencia de la religión en la esfera pública, que a diferencia de lo que alguno podría pensar por mi condición de pastor, no me parece un fenómeno que deba alegrarnos. Estoy convencido de que el proceso de secularización que dio paso a las sociedades abiertas, liberales y democráticas tiene un fundamento cristiano, y que lamentablemente este proceso se está revirtiendo hoy mediante una suerte de “resacralización” que pone en jaque a estas sociedades.

Borealidad: ¿Tenés planeado volver algún día a Dinamarca?

Andrés: No sé si para quedarme. Pero obviamente que siempre me gusta “volver” a Dinamarca y no puedo hacerlo con la frecuencia con que querría.

Borealidad: Para terminar, sabemos que te encanta leer y sos muy pensante. Por eso, nos gustaría que nos regales alguna frase o algún texto corto de un escritor que te sea querido y que sirva de mensaje para los lectores de Borealidad. ¿Te viene alguno a la mente?

Andrés:En los últimos meses he leído dos libros en danés de entrevistas a un referente para mí fundamental de la vida contemporánea danesa, el pastor y escritor Johannes Møllehave. Y en los dos libros repite un concepto que es el que me gustaría compartir con los lectores de Borealidad, el de que “cada día encierra dentro de si el consuelo de que ha sido añadido a mi vida” y agrega: “En lenguaje religioso un nuevo día es un don. Es un regalo, porque no puedo exigir un nuevo día. Nadie puede hacerlo, pero se nos regala un día más. Además el cielo no tiene un techo; imagínense si sólo pudiéramos mirar hasta el piso 9º y que allí nuestra vista chocara con un techo. Entonces sería triste vivir y la existencia se nos volvería mucho más estrecha. Pero no, tenemos un firmamento infinito y se ha abierto un nuevo día. Es un regalo maravilloso. Es una posibilidad. Podemos probar de nuevo. Quizá ayer anduve malhumorado todo el día y le amargué el día a otro, pero ahora se me ha dado un nuevo día, y el sol salió y salió también sobre mí. Porque también para los malhumorados y para los que no tienen piedad hay luz y hay canto de los pajaritos.”

Borealidad: Andrés, muchísimas gracias por tu tiempo y todo lo que haces por la comunidad danesa, y la nórdica, en nuestro país. ¡Hasta la próxima!